El infierno es la mirada de los otros.” Sartre. Es linda la laguna ¿no? –me dijo el médico esa tarde. A mi, la laguna me hace acordar a la señora. Qué qué señora, ¿no conoces vos la historia de la chica?, ¿no te la contaron nunca? Yo te la cuento si tenés paciencia y vos podes escribirla si querés. Yo tendría quince años cuando vino la chica acá. Cuando ella venía Mar Chiquita cambiaba, para mi era una fiesta, pero una fiesta rara, una en la que no se podía festejar. El único que festejaba era el viejo. Impunemente compraba comida y cigarrillos de otra marca y, entonces, todos sabíamos que ella venía. Él la esperaba, él era el único que la trataba; cuando venía, ella vivía en su casa. ¿Cómo era? Era extraña. Nadie supo bien nada de ella. Caminaba, tomaba sol y no largaba nunca el cuadernito. ¿Tal vez escribía? Le dije al médico. Sí, tal vez, yo solamente la vi llevándolo de acá para allá. Yo me acuerdo (no me da vergüenza decírtelo) de espiarla cuando estaba en la playa...