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Llorar

Ella viajó. Tomó el tren y viajó. Compró el boleto y no sabía a dónde iba.

Violeta -pensó él. Violeta ¿dónde estás? Giró en la cama y no sabía la hora. Busco el reloj. Las once y veinte y Violeta dónde está. Habrá salido a comprar... o no era Violeta la mujer de anoche.
Estaba seguro que la mujer de anoche era ella, porque ella tiene el vicio o la virtud de estar donde tiene que estar, de estar al lado nuestro cuando estamos así, como ayer: endemoniado. Pensó: "endemoniado".
Como soñando, él fue al baño. Algo le llamo la atención: esa era su casa. Mareos. Resaca. Que raro que Violeta haya querido venir a casa. Entonces no fue a comprar porque no tiene llaves y encontrar las mías es casi imposible. Dormir -pensó.

La una y cuarto. Hizo un esfuerzo y descubrió que fuera o no Violeta la de la cama, la de anoche, él tenía que buscarla. Encontrar a Violeta y decirle la verdad. ¿Qué verdad? Resaca y angustia.

Yegua, es una yegua! Se fue a su casa y ahora va a montar un escándalo y a reclamarme por mi noche, por las noches endemoniadas. No la aguanto.
Violeta con V de "victoria". Ella quiere triunfar sobre mi como si yo fuera su logro. Yo soy esto. No me va a dominar. Es astuta, es una yegua.
Él se durmió. Yo me dormí.

Son las tres y diez y Violeta dónde está. Llamar. Llamarla por teléfono y hablarle, seguro calmarla. Decirle que no me escuche, que no sé qué le dije anoche pero que se olvide. Que yo la quiero.
Llama y no atiende: víctima: también va con V. La V es una letra de mierda, pensó mientras tomaba agua.
Llama, contestador odioso con musiquita, con frasecitas.
Poner música, ya va a llamar ella cuándo se calme. Va a llamar y va a hacer su papel de que no pasa nada y, seguro, uno de estos días, una de estas noches, pasa la factura; porque Violeta no se olvida de nada, eso lo sabemos bien.
Hinchada la cara. Llamar. Querer verla, necesitar verla y abrazarla y besarla y necesitar… Yo te necesito.
Bailar con Violeta, verla bailar es hermoso.

Y si no era Violeta la de anoche, entonces Violeta dónde estuvo. ¿Con quién estuviste? preguntarle y mirarla enojado. No creerle. No creerle nunca nada porque miente siempre todo. Bruja!


Violeta lo vuelve a pensar. No hay nada que pensar, piensa. Irse y no verlo más: curarse de él como de una enfermedad. Porque, qué nos va a decir ahora; que lo controlo; que lo manipulo; que no hizo nada, que no lo respeto, si ni siquiera él se respeta. Me voy.
Acordarse de todo, de tanto: desde el primer beso hasta el último. Del amor. Del odio. Duda: de nuevo estoy dudando.


Llamar, no atiende. Bueno, habrá que ir a la casa y tocar el timbre y que ella me abra con cara de superpoderosa superada. Ir.


Llamarlo y decirle la verdad: que lo quiero, que me quedo y somos felices juntos.
 No, porque así fue siempre y nunca terminó de ser. Me voy.

Son las seis.

Subir al tren e irse.

Tocar de nuevo el timbre que no atiende.

Llorar.

Llorar.


V. L. Marzo 2008.

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