El chico con nombre pretencioso se ríe con maldad, como endemoniado. Sí, nos entendemos.
Sería un error pensar que es un buen chico… Por lo menos no es chico.
Yo lo conocí en una fiesta. No me pregunten cómo, lo vi venir, mirándome de frente y mientras bailaba me besó. Pero fue después que lo conocí.
Él me decía que yo no tenía ni idea de quién era, de cuánto desprecio sentía. Me explicó que yo debía dejarlo o alejarme, que él no era amable, que no había nada que amar en él. Creo que fue en ese momento que supe que lo que él no admitía, no existía. Supe que yo no era quién para verlo de una manera distinta a cómo quería ser visto, supe que no tenía derecho a hacerlo. Fue ahí, creo, que aprendí que no hay profundidad o que, finalmente, todo es superficie.
Yo le pedía, casi le exigía, que fuera mejor y él era (es) una especie de agujero negro que atrae. Junto a él casi todo se pierde y eso que es, es él profunda y superficialmente.
Hace poco, hace tan poco que no termino de recordarlo, intenté pedirle a alguien más que fuera mejor, en realidad lo hice y lo hice con el único fin de comprobar que aquel inocente dolor se sufre una sola vez.
V.L. 2001
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