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Monólogo sobre lo que no será dicho.

"Cuanto puede expresarse, puede expresarse claramente"
L. Wittgenstein (4.116)

Ahora estoy estancada acá, en medio de un silencio que me colma. Lo que quiero es escribir, pero no puedo. Lo que creo que necesito es escribir para sacarme del estómago esta pelota de miedo, de miedo a decirte de una vez, Esteban, que te quiero. Pero no que te quiero como la última vez que te dije que te quiero y que debía traducirse como: Esta todo bien o nos conocemos mucho o no sé que mierda, sino que te quiero como la gente que se ama y que no puede estar alejada: necesito decirte que es un buen momento para pasar caminando con unas botas grandes (como quien pisa hormigas en el pasto) y pisar de una vez este miedo a que vos no me elijas, este miedo a no ser lo que querés cuando de verdad se sabe que nadie es lo que el otro quiere (nadie lo es completamente, digo), que nadie cumple todas las expectativas del otro y sin embargo se aman y viven juntos y hasta tienen hijos (o no). Porque yo no se si quiero tener hijos y vos sos joven (y quizás no quieras) pero eso no importa: Lo que importa es el miedo de sacarlo y decirlo y que me mires (como cuando me miras y no me miras, como mirándome y bajando a la vez la cabeza) y me digas que no, que yo estoy confundida, que se me va a pasar o peor (quizás es peor o igual): que me mires y me digas que si, que vos también tenes miedo y sea yo la que te mire y otro miedo nuevo me invada. Pero no, seguro que es no y entonces yo me siento mal y pienso para qué hable y que por hablar ahora perdí lo que tenía de vos y vos te vas y cuando te abro la puerta decís hablamos después y ese después no llega y como no llega pienso en cuándo fue que empezó todo esto y tengo imágenes: una noche en una mesa tomando champagne con no sé quién en la que te dije te espero y vos dijiste sí, pero sin decirlo; una mañana en la que lloré y vos estabas; una tarde en la que tomabas licuado y hablamos de mi cumpleaños y tu pulsera (no sé cuál pulsera) y esa fue la primera vez que te ví; una noche en la que me esperaste y yo te dije que te fueras; una cama en la que me perdí, o mas bien te rogué que me sacaras de ahí y yo estaba con alguien; mil veces en las que pensé en vos... Creo que nunca empezó esto, o está empezando y digo: qué está empezando, qué es esto.
Mil veces y ahora me pregunto si de verdad, Esteban, no te importa que esté con otros hombres, si es verdad que te da igual que un día venga y te diga: mirá no nos vemos más porque estoy intentando tener una nueva relación monogámica, si es cierto que no te alegra que después (haya pasado el tiempo que haya pasado) vuelva a buscarte; por qué no me preguntas por qué vuelvo, por qué todo te resulta tan natural y no digo que esté mal sólo digo que es raro que nada se te note que es raro que no demuestres nada. Qué es lo que pasó todo este tiempo en el que no parece que a vos te haya pasado nada y yo estoy acá estancada y quiero escribir… necesito decirte que tengo miedo, que algo me pasó y me pasa… y me pasa justo ahora, justo a la hora en que vos estás llegando a tu casa y tu perro ladra. 

Ahora tengo menos miedo, aunque nunca te lo diga igual que vos no decís nada y me pregunto si seremos tan distintos: Seremos tan distintos como para olvidarnos de mencionarlo? Tendremos tanto miedo coma para no cambiarlo? Será hoy o mañana el mejor día para callarnos?

V. L. 2002



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