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Mostrando entradas de septiembre, 2018

Un día.

Si había un día para dejarlo era ese. Ese inmaculado día en el que había comprendido que su vida estaba dando un inmenso giro y que él no tenía porque comprometerse con eso. Ella lo amaba con tanta pureza y devoción como es posible amar. Ella sentía que su amor debía servirle a él: no serle útil, servirle. Ella pensaba que la abnegación era una propiedad del amor, tan propia como el abandono del yo.  Sin embargo, su egoísmo era máximo: su amor no dejaba de ser humano; ella no podía evitar preocuparse por si misma y él no lo merecía. Él debía ser amado servilmente, sin recelos, sin reclamos (y ella lo sabía). Así que si había un día para dejarlo era ese. Ella lo sintió como un relámpago, como una certeza ineludible. Y ella se fue. V.L.2009

En mí, a mí,de mí.

Me abandonó. Teníamos 16 años y él me abandonó. Fue a vivir otra vida, una vida que fue un infierno. Me pidió un libro y se fue gritando entre los autos. Me quedé esperando, me quede tratando de seguirlo, sin seguirlo. Muchas veces pensé, que ese que él tomó era mi camino; pero no, era el suyo, por eso yo me quede esperando. Esperé negando que esperaba, haciendo como si nada… Pero de noche, muchas noches, lo llamaba. Mil veces pregunté por qué, por qué a él, por qué a él si éramos casi un y lo mismo. Porqué él se iba así, entre los autos. Eran las 8 de la noche la última vez que lo ví. Yo lo busqué, lo busqué desesperadamente como si buscara un pedazo mío: Un pedazo de piel, un poco de mi cuerpo. Lo busqué pensando y repensando qué dijo, qué pensó, que sintió… Tal vez, si me concentraba suficiente lo encontraría a él, en mí, y entendería, él me explicaría, a mí. Lo busqué. No pude encontrarlo. Lo ocultaron. Me mintieron, todos, muchos, a mi. Alguien se apiado. Alguie...

Purga.

Éramos dos o mas, generalmente, tres en ese departamento. A veces cuatro… muchas veces eran cuatro. Comíamos lemon pie tiradas en la cama en verano y estudiábamos en invierno. Estudiábamos cuando éramos dos. Cuando éramos tres, una de nosotras estudiaba y la otra, a lo suyo. Cuando éramos cuatro nadie estudiaba: Un colchón al living, uno en el cuarto y listo. No nos hacían falta grandes cosas. Después yo me separé de aquel novio: un tipo raro con grandes pretensiones y una madre hiper tierna. Él escribía bien: yo lo leía. Se fue a Europa y me mandaba postales de amor bellísimas. Era una relación apasionada… eso le dije cuando lo dejé: no se si nos amamos, pero nos deseamos tanto... Cuando lo dejé, él durmió en su auto en la puerta del departamento y, al otro día, pegó por todo el barrio carteles con poesías para mi. En 2001 nosotras pagábamos el alquiler mitad en peso, mitad en una moneda innombrable e inexistente. En diciembre salimos a la calle impactadas. El chino de la ...

De todo.

I Al principio no entendí, tarde en verlo: el extraño edificio de enfrente tiene, en el baño, una ventana del tamaño de la de una habitación. Algunos pusieron cortinitas; otros, plantas del lado de afuera; pero está guacha no, la dejó así como si nada y se baña, en bolas claro, frente a la ventana. ¡Hasta el agua que cae de la ducha se ve! De última es un problema mío por mirar, pero decime vos si da bañarse en un baño con ventana grande. Más te digo: decime si da construir un edificio con esa ventana en los baños. ¡A qué tipo de perverso se le ocurrió! No se, qué se yo. Como si una no tuviera quilombos como para dedicarse a la ventana de la atorranta esa que, por cierto, los otros días se bañaba con otra. Y yo se que era otra porque las vi. Claro, porque se ve todo. ¡Todo! II Y sabés qué: ¡me tenés podrida! Sabés por qué: porque no tenés nada que hacer y me estás encima todo el tiempo haciendo eso: nada. Y, por favor, no me digas que me voy a poner nerviosa porque, sabés qué: ¡...