Ir al contenido principal

Testigo (4).

Ella se sentó en el cuarto escalón de la escalera.
Para saber cómo está, hay que mirarle las manos, se toca los dedos, las uñas en los dedos; la punta de las uñas de los dedos. Se acaricia la sien. Después se tapa los ojos y sube las manos hacia su cabeza, como peinándose, pero cuando llega casi hasta la nuca, cierra las manos agarrándose el pelo con fuerza.
Esa mujer esta ahí y el relato de su gesto no tiene sentido sino se admite que el gesto es un universo.
Esa mujer no habla, no dice nada. Esa mujer no llora, no se ríe. Sólo esta allí sentada. Casi inmóvil su figura puede pasar desapercibida, pero yo la veo y completo su gesto.
A ella no le importa que yo esté. Su universo finito, cerrado y completo la consume.
El tiempo es sólo un espacio de silencio para ella que esta ahí, tan quieta, tan sola.
Me pregunto por qué: por qué estará así. Y la pregunta carece de valor porque ahora me mira y completa el relato con sus ojos. Y toda explicación se desvanece.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ella.

Ella sangró y sangró. La sangre que se derrama una vez, se pierde para siempre. Ella quiso que alguien la amara y no lo logró, ella quiso ver la diferencia: ser amada y amar. Ella sufrió la enfermedad y no encontró remedio. Pero ella sola decidió que nada valía tanto. Ella sola resolvió que nunca más le importaría, que sólo le importaba el tiempo, el poco tiempo que tenía. Sumergida en lo inhóspito, ella eligió el destino: la cura. Anduvo silenciosa por las calles y vio el remedio. Era único y eterno cada ser y su existencia era diminuta. ¿Cómo elegir? ¿Qué elegir? Cómo no amarlos. Cómo no comprender. Cómo evitar el dolor de saber que les duele, que son iguales y que lloran tanto que no sé qué hacer. Cómo curar el dolor, cómo se hace para que pase, que termine. Cómo no saber. Cómo se dice: Duele, duele tanto que no aguanto. Ella sangró y sangró. No hay descanso en el dolor. Ella también fui yo. Soy. Pero si veo el sol no creo que el remedio no exista. Debería haber ...

Un día.

Si había un día para dejarlo era ese. Ese inmaculado día en el que había comprendido que su vida estaba dando un inmenso giro y que él no tenía porque comprometerse con eso. Ella lo amaba con tanta pureza y devoción como es posible amar. Ella sentía que su amor debía servirle a él: no serle útil, servirle. Ella pensaba que la abnegación era una propiedad del amor, tan propia como el abandono del yo.  Sin embargo, su egoísmo era máximo: su amor no dejaba de ser humano; ella no podía evitar preocuparse por si misma y él no lo merecía. Él debía ser amado servilmente, sin recelos, sin reclamos (y ella lo sabía). Así que si había un día para dejarlo era ese. Ella lo sintió como un relámpago, como una certeza ineludible. Y ella se fue. V.L.2009

De la cintura para arriba hace mas frío

“…A cada instante estamos arrojados en el mundo y comprometidos. Esto significa que actuamos antes de poner nuestros posibles y que estos posibles que se descubren como realizados remiten a sentidos que harían necesarios actos especiales para ser puestos en cuestión…” Sastre;  El Ser y la Nada Desde el infierno oyó un pequeño ruido, abrió los ojos y vió que estaba sola. Abrió los ojos y vió que estaba viva. Abrió los ojos pero volvió a cerrarlos. Un sacudón de aire la desvela, un frío seco que viene desde abajo, de la cintura para arriba hace más frío, pensó. Es la memoria que se está despertando. La memoria que se recupera del sueño joven. La memoria que pierde éste presente y vuelve a estar en un futuro algo jocoso. -No hay derecho a un futuro alegre. Cerró los ojos pero volvió a abrirlos. En el estómago sintió unas cosquillitas. Ojos abiertos pensó que no podía, que era difícil levantar la cabeza y ver que eso era cierto. Difícil es todo, soñó que dijo, por eso s...