Me abandonó. Teníamos 16 años y él me abandonó. Fue a vivir otra vida, una vida que fue un infierno. Me pidió un libro y se fue gritando entre los autos. Me quedé esperando, me quede tratando de seguirlo, sin seguirlo. Muchas veces pensé, que ese que él tomó era mi camino; pero no, era el suyo, por eso yo me quede esperando. Esperé negando que esperaba, haciendo como si nada… Pero de noche, muchas noches, lo llamaba.
Mil veces pregunté por qué, por qué a él, por qué a él si éramos casi un y lo mismo. Porqué él se iba así, entre los autos.
Eran las 8 de la noche la última vez que lo ví.
Yo lo busqué, lo busqué desesperadamente como si buscara un pedazo mío: Un pedazo de piel, un poco de mi cuerpo. Lo busqué pensando y repensando qué dijo, qué pensó, que sintió… Tal vez, si me concentraba suficiente lo encontraría a él, en mí, y entendería, él me explicaría, a mí.
Lo busqué.
No pude encontrarlo.
Lo ocultaron.
Me mintieron, todos, muchos, a mi.
Alguien se apiado. Alguien me contó.
Lloré hasta vaciarme. Hasta tener que llenarme de nuevo.
Pero él no volvía a mí.
Soñé hasta la locura, deliré hasta la razón, leí y releí toda su historia, la mía.
Cuando lo vi, vi a otro. Ya no era el mismo: golpeado, anulado, gastado.
Paso mucho tiempo hasta que entendí que esa vida, que ese infierno era también mío, distinto, pero tan mío como él, como un pedazo de piel o un poco de mi cuerpo, mío, de mí.
V.L.2004
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